Ideas coming out my head

martes, 16 de noviembre de 2010

El Paseo



Caía la tarde, decidí levantarme del sillón y adentrarme en ese laberinto sin salida aparente que para mí era el mundo.
Con los sentidos que me quedaban más abiertos que nunca, salí a explorar no sin algunas limitaciones las texturas infinitas que me rodeaban. Ya afuera, sentía la tibia brisa de una primavera que olía a verano, con los pasos firmes y la ayuda de un compañero incondicional, aunque silencioso, recorría mentalmente aquello que me era cotidiano, era como un mapa de ruta que tenía grabado a fuego.
Poco cambiaba la rutina de mis pasos, a veces oía como amablemente me preguntaban si necesitaba ayuda, pero era obvio que no, que podía seguir adelante, como ya lo había hecho tantas veces a lo largo de mi vida. Yo podía seguir en la oscuridad del laberinto; solo la intuición sirve de guía; en este caso mi laberinto era y es una extensión del mundo en el que vivo.
Absorto en mis pensamientos, vuelvo a escuchar los sonidos que me rodean, oigo voces y risas, a veces suelo imaginarme como serían las caras, pero como no tenía ganas de imaginar lo dejé para después, me concentré en la armonía de las voces y lo agradable que me parecían; me pregunté si las personas eran también agradables como sus voces.
Seguí caminando sobre esa ruta inalterable; algo me obligó a detenerme, era ella, aquella hermosa mujer con la que me encontraba todas esas tardes, ella torpemente me coge del brazo y me saluda, yo un poco más tímido le pregunté que como estaba. Mientras, percibía un sabor dulce que me gustaba y cuando la tocaba era parte de esas texturas que conformaban mi laberinto de oscuridad.
La amaba en su belleza y así mis tardes de paseo eran solo para “verla”, también era ciega como yo. En esos momentos junto a ella encontraba la salida del laberinto. Me sentía libre y olvidaba por completo que no podía mirarla, que no sabía cómo era, que no tenía noción del color de su pelo o de como brillaban sus ojos, pero aun así la veía. Esas horas de la tarde eran sagradas porque sabía que por unos pequeños espacios de tiempo podía salir de la oscuridad a la que había sido confinado desde el día que nací. Sentía como mi cuerpo cambiaba, el ruido del corazón que se agitaba, de mi voz temblorosa, y de esos espasmos de emoción cuando la escuchaba, ahora si quería imaginar con todas mis fuerzas como era ella.
A veces quisiera ser otro hombre para poder observarla con ese sentido que me falta, pero ella no podría verme, el círculo se cierra de nuevo, entonces me siento aliviado, ella me ama también en su oscuridad, eso no lo podemos cambiar, doy gracias entonces por esta especie de don, de poder “ver” lo que no se puede ver, lo que para el resto de la gente seria evidente o no, YO VEO, veo la salida por instantes del laberinto aunque luego vuelva a entrar en otro y así pasan los días, los años de mi vida.
Espero en mi sillón como todos los días la hora de la tarde para salir a dar el paseo.

martes, 2 de noviembre de 2010

HOMENAJE A MI CIUDAD: MARACAIBO

Porque no hay otra ciudad que más añore en el mundo que la mia..

MARACAIBO!


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