Ideas coming out my head

jueves, 26 de agosto de 2010

HISTORIAS DE FE



De cómo la gente necesita tener fe en algo superior...

Es la historia de una mujer que llegaba de lejos a un país desconocido en donde nadie a pesar de que lograban comunicarse no se entendían, los vocablos eran los mismos pero no hablaban el mismo idioma.

Con mucho sacrificio se armó de valor para viajar a una nueva vida, cargada de sueños y de tristeza por alejarse de aquello que más quería y añoraba, pero pensó que era lo mejor, que ella a sus 50 años lo dejara todo para lograr lo que nadie había logrado en su familia. Tener un trabajo y enviar dinero a casa.

Llego sin saber lo que le esperaba pero dispuesta a todo, comenzó trabajando de interna en una casa limpiando y sirviendo, no la trataban mal pero se dio cuenta que estaba presa, no tenía a donde ir, apenas estaba conociendo la verdad, necesitaba ser "un número", al buscar la libertad estaba en una prisión, hasta que no lograra "el número" no podía hacer nada en ese país que ella imaginaba como una película en la que ella era la protagonista.

Esto que suena a tópico, es tristemente la realidad de algunos seres humanos.

Una mañana mientras esperaba el autobús, el 159 que pasaba a las 12:55 al otro lado de la acera, ella lo sabía porque esta era su rutina… inalterable, para ir de un trabajo a otro, era limpiadora en una multinacional a las afueras de la ciudad, una hora para ir de un punto a otro, durante el trayecto pensaba como estaría de grande su sobrina a la que dejo cuando aún era una niña o aquel amor que le parecía cada vez más un vago recuerdo...un recuerdo ya fuera de su alcance.

Una chica se acerca, un poco perdida le pregunta si esa era la parada correcta, ella amablemente dice que sí. La chica venia de una entrevista de trabajo, un trabajo que no tenía nada que ver con lo que la chica había ambicionado, pero "trabajo es trabajo" se repetía así misma para creérselo. Estaba pasando por una tormenta emocional, no podía parar de pensar, pensaba y pensaba, faltaban pocos días para volver a la incertidumbre, en lo mal que lo estaba pasando en el actual trabajo por razones injustificables, que estaba sola en esos momentos que sentía que el mundo se le venía encima, pensaba en ese chico que no sentía lo mismo que ella sentía por él...La tormenta casi lo arrastraba todo, cuando de repente la Señora le pregunta:

-¿De dónde eres? Por tu acento no eres de aquí.-

La chica contesta: ¿No y usted?

Y así las dos se contaron de donde procedían, de muy cerca...del mismo continente.
Durante la conversación la chica sentía que la tormenta interna remitía al contarle a esta Señora que no conocía de nada como se sentía. La chica pensó que la Señora también debía pasar por otra tormenta, la de su propia existencia.

A la chica le reconfortaba estar con la Señora, a pesar de las tormentas. Un sentimiento extraño...como familiar.

Llego el autobús y las dos cruzan juntas la calle. La chica se sienta delante de la Señora y le da las gracias por haberle advertido sobre el autobús. La Señora le dice que de nada, que no costaba nada indicar que el autobús pasaba al otro lado de la acera.

En ese momento suena el teléfono, la chica lo coge y le empieza a contar a su amiga toda la historia de ese día, la "nueva anécdota" de su actual trabajo y de la entrevista que creía caso perdido.

La Señora atenta, espera a que la chica cuelgue la llamada y le pregunta:¿Que tal te ha ido? ¿Ahora la cosa esta muy mala, no?

La chica se desahoga, y comienza a contarle toda su historia. Sobre lo que está pasando en el trabajo que tiene, de que no le van a renovar su contrato...de que han ido acabando con la poca fe que la chica tenía en la humanidad. ¿Por qué le pasaban esas cosas que eran tan injustas cuando ella lo que hacía era trabajar y bien?. Pocas personas en su entorno laboral podían soportarlo y lo que hacían era ya no darle trabajo o simplemente hacerla a un lado...como si ya no existiera en esa empresa.

En cuanto a la entrevista, la chica no tenía muchas esperanzas, el puesto era un puesto que no estaba mal pero que no era para nada lo que la chica quería hacer con su vida; al tener un buen currículum el entrevistador quedo sorprendido ante esta chica que lo único que quería era un trabajo digno y bien remunerado...antes de terminar la entrevista, este le pregunta: ¿No crees que has tenido un poco de mala suerte? La chica se repuso y contesto: Si puede ser un poco de azar o de destino, el no haber estado "a la hora indicada y en el lugar indicado" si puede que tenga que ver, pero lo más importante es tener fe en que todo va a cambiar, tener buen sentido del humor y sobre todo ganas, muchas ganas de trabajar.

La chica no sabía si esta respuesta estaba bien, o la hundiría más... pero era lo que sentía y tenía que ser honesta. La honestidad era lo único que tenía.

A veces es difícil ser duro y aguantar el temporal, esa tormenta que llevamos dentro, esa tormenta que amaina por ratos, pero cuando empieza de nuevo ese chubasquero que tenemos por coraza no nos basta, terminamos empapados de pies a cabeza y lo único que nos queda es quitarnos la coraza mojada y maltrecha y ponernos otra para que aguante la próxima tormenta. La fe nos da la fortaleza, fe bien sea en nosotros mismos, en el amor, o en una conversación con una desconocida que tenía una fe inquebrantable a pesar de sus tormentas.

Retoman la conversación, y la Señora le pregunta a la chica:

-¿Vas a la iglesia?

-Ella responde: No, no a esa iglesia..

-¿Católica? Le dice la Señora.

-Sí, he sido bautizada...pero hace mucho que no voy a esa iglesia.

-¿Tu rezas?- le insiste la Señora.

Ella dice: Si, a veces...a mi Dios particular, a aquel que todo lo ve y lo ordena. El Gran Arquitecto del Universo.

La Señora la mira, no dice nada. Le responde: Yo soy cristiana, evangélica y tengo fe, mucha fe en nuestro Dios, yo he estado muy mal y una vez le pedí, le pedí con tanta fuerza que me escucho.

La Señora se había quedado en la calle, sin trabajo, ya sola en la que sería su habitación por unos días, llorando y con fuerza, pero sobre todo con fe, le pidió a su Dios que no la abandonara, le dijo llena de ira que no la dejara a su suerte y que era imperativo que consiguiera trabajo y otra casa.

Ella lo contaba con una serenidad pero a la vez con un brillo en los ojos, como cuando se ve una aparición o se está obrando un milagro.

Cuenta que al otro día casi pierde una oportunidad. Había recibido una llamada para un trabajo, llego tarde ..Perdió el autobús, cuando llego había una línea interminable de mujeres para ese mismo puesto, a ella la habían citado, ya había estado antes en una entrevista pero nunca más la contactaron hasta ese día. Se fue desconsolada pensado que era una oportunidad perdida, cuando estaba a punto de llegar el autobús suena su móvil, le dicen que la están esperando que tiene una cita, vuelve, y ese mismo día su vida cambió. Le dieron el trabajo.

Ella decía que su FE le había devuelto el trabajo, que su Dios no la había dejado sola en el camino y que sin duda sin esa FE no hubiera podido seguir adelante ante su tormenta que no amainaba. Esa tormenta seguía y se había hecho más fuerte, pero ella sabía que invocando a su Dios llegaría la calma.

Le repetía a la chica: TEN FE...todo saldrá bien, pide con fuerza, pídele a tu Dios y veras como todo llega.

La chica desconcertada la miro y se sintió aliviada, quería abrazar a esa Señora desconocida que le daba fuerzas en ese momento tan amargo por el que pasaba, por ese momento de decepción, de soledad, veía en esa Señora una fuerza. Más que nunca la chica extrañaba a los que estaban lejos y añoraba más que nunca.

Ya llegaban a la estación...

La Señora le dice: Pídele, con fuerza, no lo olvides.

Se bajaron del autobús, subieron las escaleras, cada una iba por su lado, la Señora iba a su segundo trabajo. Tenía dos turnos.

La chica se fue a su casa, a pensar, o a pedirle con mucha FE a su Dios que la tormenta finalmente pasara. Que la FE diera paso a un rayo de sol.

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